El joven cultiva parte de sus alimentos, cuida animales y caza legalmente para autoconsumo, aunque reconoce que no es completamente autosuficiente.
Arnau Moldero dejó Barcelona a los 18 años para instalarse en la casa de sus padres en un pequeño pueblo de montaña. Su experiencia, documentada en una entrevista publicada el 4 de febrero de 2026 y recuperada de nuevo por distintos medios en julio, combina autoconsumo, cría de animales y emprendimiento digital. A sus 24 años, mantiene un negocio de conejos domésticos cuya visibilidad depende de Instagram y otras redes sociales.
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Dejó Barcelona porque en la ciudad se sentía sin energía
El joven explicó que su vida en Barcelona le generaba desgana. “Me levantaba por la mañana con poca energía”, relató al recordar una etapa en la que estudiaba y no encontraba motivación para afrontar el día.
Los fines de semana viajaba con su familia a la casa del pueblo, donde se sentía más activo. A los 15 años comenzó a salir con el grupo local de cazadores y aprendió a aprovechar la carne para autoconsumo. Al cumplir 18 tomó la decisión: “A los 18 años decidí dar un cambio y venirme aquí a vivir”.
Aunque se instaló solo al principio, una entrevista publicada en febrero señala que actualmente comparte la vivienda con su pareja, que vive allí desde hace cinco años. Su recorrido se suma a otras historias de personas que han decidido dedicarse a la agricultura después de abandonar un empleo estable.
Produce verduras, huevos y carne, pero no se considera autosuficiente
Arnau mantiene varios huertos y un invernadero construido con materiales reciclados. En ese espacio cultiva tomates, calabazas y judías, mientras que la granja reúne gallinas, patos, pollos y cabras.
La alimentación procede en buena medida de lo que produce. Obtiene huevos, dispone de carne de ave y complementa el consumo con piezas obtenidas mediante caza legal para autoconsumo. Aun así, compra aceite, arroz y otros productos que no genera en la finca.
Por ese motivo, rechaza definirse como completamente autosuficiente. Afirma que podría alimentarse solo con sus recursos si limitara su dieta a lo que cultiva y cría, pero ha elegido mantener una vida conectada con servicios, tecnología y consumo exterior.
Su primera granja de conejos fracasó antes de cambiar el negocio
La trayectoria empresarial no comenzó con buenos resultados. Según una entrevista anterior, Arnau cursó un grado medio de Agricultura y Ganadería Ecológica y trabajó en una casa rural para disponer de ingresos mientras desarrollaba su proyecto.
Su primera iniciativa de cría de conejos no funcionó y, después de dos años, tuvo que regalar los animales. Más tarde cambió el modelo y se centró en conejos domésticos destinados a personas que buscan un animal de compañía criado con espacio, cuidados y convivencia en grupo.
El giro le permitió reconstruir el proyecto con un enfoque más especializado. Es una fórmula similar a la de otros jóvenes que han optado por emprender en un pueblo mediante negocios de proximidad y una oferta muy concreta.
Instagram permite mostrar el cuidado de los animales y captar compradores
Las redes sociales forman parte del trabajo diario. Arnau publica vídeos para enseñar las instalaciones, el estado de los animales y la forma en que crecen. Ese contenido genera confianza y permite que posibles compradores conozcan el proyecto antes de contactar.
“Si no tuviera Instagram, si no tuviera redes y si no fuera constante, este negocio no funcionaría”, reconoce. Su experiencia coincide con otros pequeños negocios donde las redes impulsan ventas y convierten una publicación en visitas o pedidos.
El caso de Arnau muestra que alejarse de la ciudad no implica renunciar a la tecnología. Su alimentación depende menos del supermercado, pero la actividad comercial necesita conexión, visibilidad y una comunidad digital.







