El creador de contenido y empresario David Canales asegura que en su compañía no solo no se paga a los alumnos en prácticas, sino que, en algunos casos, son ellos quienes deben abonar una cantidad para poder formarse allí. Su mensaje, difundido en TikTok, ha reabierto un debate incómodo en España: qué se considera formación real y cuándo una práctica deja de ser una oportunidad para convertirse en un “peaje” de entrada.
En un vídeo reciente, Canales defiende que cobrar por tutorizar a estudiantes es una manera de poner en valor su tiempo y su experiencia, y sostiene que en su empresa los alumnos “aprenden de verdad”. El planteamiento, sin embargo, ha generado críticas por chocar con la idea más extendida de que las prácticas deberían, como mínimo, no costar dinero al estudiante, especialmente ahora que han cambiado las cotizaciones de becarios en prácticas a la Seguridad Social.
Qué ha dicho David Canales y cuánto cobra por las prácticas
Según relata, este año 26 personas de 15 instituciones distintas le han solicitado realizar prácticas en su empresa, desde ciclos y grados hasta posgrados. Y se adelanta a la reacción típica: la idea de que tener alumnos en prácticas equivale a “trabajadores gratis”.
Su respuesta es tajante: “Todo lo contrario”. En su modelo, explica que las prácticas se cobran cuando el alumno pide un acompañamiento más cercano. La cifra que más ha llamado la atención es esta: “Nosotros las prácticas las cobramos (…) a 2.950 euros” si quieren que él mismo los tutorice.
Además, detalla una especie de escala: un “rango intermedio” costaría 1.950 euros, mientras que para “puestos de rango bajo” afirma que no cobran nada.
El argumento del empresario: pagar por mentoría y acceso a una empresa “real”
La defensa de Canales se apoya en dos ideas principales. La primera, que la empresa pone “medios, recursos” y conocimiento. La segunda, que si el alumno quiere mentoría directa, está pagando por el tiempo de una persona concreta y por su trayectoria, incluidos “aciertos y, sobre todo, fallos”.
En su discurso, compara ese desembolso con lo que cuesta un máster. Llega a mencionar cantidades de “3, 4 o 5.000 euros” por formaciones teóricas que, en su opinión, están alejadas del día a día. Por eso plantea que pagar por prácticas en una empresa con actividad real tendría sentido si el aprendizaje es aplicable y mejora la inserción laboral.
Por qué ha generado críticas: el choque con el debate de las prácticas en España
Las prácticas llevan años en el punto de mira porque muchos estudiantes han pasado por empresas sin remuneración y, en ocasiones, sintiendo que realizaban tareas propias de un puesto, pero sin condiciones equivalentes. En ese contexto, el enfoque de “pagar por aprender” toca una fibra sensible: para algunos, profesionaliza la mentoría; para otros, normaliza que el coste de formarse recaiga todavía más en el alumno.
El propio Canales reconoce que existen empresas que usan las prácticas como “trabajadores encubiertos” y también otras que lo hacen “muy bien”, enseñan y meten al estudiante en el proyecto. A partir de ahí, sostiene que cada empresa elige su modelo y remata invitando a interesados a contactar.
Qué debería preguntar un estudiante antes de aceptar unas prácticas (y más si implican pagar)
Más allá de la polémica, si a un estudiante le plantean prácticas con coste, conviene ir con una lista clara de preguntas y exigir respuestas por escrito:
- Qué incluye exactamente el pago: tutorías, horas de seguimiento, formación estructurada, acceso a herramientas, certificación final.
- Plan de aprendizaje: objetivos, tareas previstas y qué competencias se van a trabajar, semana a semana si es posible.
- Quién tutoriza y cuántas horas: si la mentoría es real, debe tener un calendario y un responsable identificado.
- Duración, horario y modalidad: presencial, híbrida, remoto, y cómo se organizan vacaciones o exámenes.
- Relación con el centro de estudios: si hay convenio y cómo se evalúan las prácticas.
- Gastos y condiciones: transporte, dietas, seguros, confidencialidad, y qué pasa si el alumno decide dejarlo o no se cumplen expectativas.
Antes de aceptar, lo más prudente es contrastar la propuesta con tu universidad o centro formativo y pedir que todas las condiciones queden reflejadas por escrito: qué vas a aprender, quién te acompaña y qué recibes a cambio, especialmente si te están pidiendo dinero por entrar.
El debate sobre si las prácticas deben ser siempre remuneradas o si pueden implicar algún coste para el estudiante vuelve a ponerse sobre la mesa tras este caso. Entra en nuestra sección de formación y prácticas para conocer qué ha dicho el empresario, por qué ha generado polémica y qué conviene revisar antes de aceptar.







