Muriel Connick seguía trabajando en un probador en Pompano Beach porque su pensión no le alcanzaba para vivir. Tras viralizarse su historia, una campaña en GoFundMe ha superado los 55.000 dólares en solo unos días, lo que viene siendo unos 46.000 euros.
A sus 92 años, Muriel Connick aún cumplía jornada en el probador de una tienda. No lo hacía por “mantenerse activa”, sino porque no tenía alternativa: su pensión de jubilación no le llegaba para cubrir lo básico y, por eso, tuvo que volver al trabajo.
Por qué Muriel Connick seguía en el probador con 92 años y sin opción
La escena era tan cotidiana como dura: Muriel atendía en el probador, doblando ropa y siguiendo su turno como cualquier otra persona. Hasta que una clienta, April Steele, se fijó en ella y le preguntó por qué seguía trabajando a esa edad.
Muriel no buscó excusas ni dramatizó. Fue directa: “Sigo trabajando porque tengo que hacerlo”. Según contó, sus ingresos mensuales no cubrían gastos esenciales como el alquiler, la electricidad o la comida. ¿Te imaginas llegar a los 92 años y seguir así, mes a mes, haciendo cuentas para sobrevivir?
Cómo una publicación en Facebook hizo viral la historia y activó la solidaridad
April Steele salió de la tienda afectada y esa misma noche compartió lo ocurrido en un grupo de Facebook. No buscaba que el caso se hiciera viral; simplemente necesitaba contar lo que había visto. Pero la historia empezó a circular “de teléfono en teléfono” y, en ese contexto, alguien propuso abrir una recaudación en GoFundMe, aunque fuese algo simbólico.
A partir de ahí, el recorrido fue rápido y muy claro:
- April conoce a Muriel en el probador y escucha su situación.
- Comparte la historia en un grupo de Facebook esa misma noche.
- Surge la idea de crear una campaña en GoFundMe para ayudarla.
- El caso se difunde en redes y se vuelve viral.
- En solo unos días se superan los 55.000 dólares recaudados.
Y cuando la gente se pone de acuerdo para ayudar, pasan estas cosas: personas que no conocían a Muriel ni habían pisado esa tienda decidieron aportar para que pudiera dejar de trabajar.
Qué cambiará con los fondos recaudados y la pregunta incómoda sobre pensiones
Con el dinero reunido, el objetivo es que Muriel pueda, por fin, descansar. Según la información compartida, también podrá arreglar el piso de su casa e invitar a su familia a comer. Cuando le contaron lo que estaba ocurriendo, no se lo podía creer y se sintió muy afortunada. Hubo incluso “momento de aplauso”: la solidaridad, esta vez, ganó.
Ahora bien, la historia deja una pregunta inevitable encima de la mesa: ¿cómo es posible que una mujer de 92 años tenga que seguir trabajando para pagar las cuentas? Y, aún más difícil: ¿cuántas personas mayores están en la misma situación sin encontrarse con alguien que se pare a mirar, pregunte y mueva a otros a actuar?







