Legumbres Arconada, en León, explica que compra el garbanzo a un euro y medio y lo vende a dos euros, pero el aumento de costes y la presión de las cadenas reduce el margen a solo cinco o incluso un céntimo.
Una envasadora de legumbres ha abierto sus puertas para mostrar cómo han cambiado sus números. En las instalaciones de Legumbres Arconada, en León, su gerente, Montserrat San, explica que, aunque compran el garbanzo español a un euro y medio y lo venden a dos euros, el encarecimiento del plástico y del transporte ha dejado un margen real de apenas cinco céntimos por kilo, que en algunos acuerdos con supermercados se queda en solo un céntimo.
La presión de las grandes cadenas de supermercados reduce al mínimo los márgenes
Según detalla Montserrat San, los márgenes se han estrechado “y mucho” en la empresa. La empresa produce unos 400.000 kilos de garbanzos españoles al año y, pese a ese volumen, la rentabilidad por kilo ha caído hasta el punto de quedar prácticamente en cuestión. La gerente resume la situación con una frase contundente: los supermercados les dejan “un céntimo de beneficio” en determinados acuerdos.
Detrás de esa queja hay una operación aparentemente sencilla: comprar, transformar y vender garbanzos. Sin embargo, cuando se desglosan las cifras que ofrece la empresa, se entiende mejor cómo un margen que podría parecer cómodo se convierte en casi simbólico.
Entre el precio de compra, fijado en torno a un euro y medio, y el de venta, de dos euros, el margen inicial de cincuenta céntimos se reduce a cinco por el alza de costes y puede quedar en solo un céntimo cuando entra en juego la negociación con las grandes superficies.
Cómo afectan los costes de plástico y transporte a las envasadoras de legumbres
El incremento de los costes es clave en esta historia. La empresa explica que el kilo de plástico necesario para envasar el producto se ha triplicado, mientras que el transporte por kilo se ha encarecido nueve céntimos. Esa combinación deja al negocio con un margen real de apenas cinco céntimos por kilo de garbanzo.
¿Cómo se sostiene un negocio con esas cifras? Dicho en plata, cada saco que sale de la fábrica deja muy poco colchón para imprevistos, inversiones o simplemente para asegurar el sueldo de quienes trabajan en la planta.
Según relata Montserrat San, el problema se agrava cuando entran en escena las grandes cadenas de distribución. No solo compran grandes volúmenes, también fijan condiciones que, en muchas ocasiones, dejan a los envasadores sin margen para negociar.
Entre las prácticas que describe la gerente destacan:
- La fijación del precio por parte del supermercado, de manera que el proveedor debe aceptar o renunciar a la venta.
- Una presión mayor cuanto más grande es la cadena, que aprieta más las condiciones.
- Márgenes “muy, muy justos”, de un céntimo por kilo, que se traducen en ganar un euro por cada 100 kilos vendidos.
La propia Montserrat resume que “el supermercado aprieta mucho” y que, cuanto más grande es la cadena, más aprieta. En este contexto, los proveedores se ven obligados a elegir entre aceptar esas condiciones o quedarse fuera de los lineales, una decisión que puede marcar el futuro de pequeñas y medianas empresas envasadoras.
Al final, todo se reduce a un margen mínimo que apenas deja respiro al negocio.







