Un empleado del sector inmobiliario relata que, tras la salida del directivo que le fichó, nadie le integró ni le asignó funciones. Ha seguido cobrando, sin trabajo efectivo, durante siete meses.
El caso arranca con un contrato administrativo de seis cifras en una inmobiliaria. El giro llegó cuando el gerente que lo incorporó fue despedido la semana previa a su llegada. Desde entonces, nadie lo ubicó en un equipo ni le marcó objetivos. ¿Te imaginas presentarte a la oficina y no tener nada que hacer?
Cómo un despido en la dirección dejó a un recién contratado sin tareas durante siete meses en una empresa inmobiliaria
Según su propio testimonio, el empleado acudía a una oficina en la que se encontraba completamente solo. No recibió correos ni encargos claros. “No sé cómo es posible que nadie me dé ninguna tarea o siquiera me envíe correos electrónicos“, expuso.
Su actividad se reducía a un envío esporádico de documentación interna. “Contacto a mi jefe de departamento dos veces por semana con hojas de cálculo sobre la nómina de nuestro departamento. Eso es todo lo que hago, me lleva unos 15 minutos a la semana“, dijo sobre este puesto. Vaya situación.
Para entender de un vistazo qué ocurrió, este cuadro resume los datos principales del caso descrito por el trabajador:
Aspecto | Dato principal |
---|---|
Puesto | Administrativo en empresa inmobiliaria |
Salario | Seis cifras |
Integración | No asignado a ningún equipo |
Tareas | Hojas de cálculo de nómina, dos veces por semana |
Tiempo estimado | 15 minutos semanales |
Presencialidad | Tres días en la oficina y dos en remoto |
Duración del “vacío” | Siete meses sin funciones asignadas |
En consecuencia, el empleado percibió su retribución sin una carga de trabajo real. No obstante, se mantuvo localizable y cumplió con esa mínima rutina de envíos. ¿Qué harías en su lugar?
Qué hacía en la oficina y por qué seguía cobrando su salario pese a no tener funciones asignadas
El relato explica que la ausencia de un responsable directo tras el cese del gerente provocó que nadie tomara la iniciativa para integrarlo. De ahí que su “jornada” se limitara a comprobar correos, preparar dos archivos de nómina y poco más. Por otro lado, alternaba presencialidad y teletrabajo: tres días acudía al centro y dos los hacía en remoto.
También aclaró su postura respecto a buscar otro empleo. “No voy a conseguir un segundo trabajo mientras hago esto“, insistió. Es decir, optó por mantener el puesto actual tal cual, sin compatibilizarlo con otra ocupación.
A continuación, las claves que más llamaron la atención a los lectores del testimonio.
- Contrato de alto salario con integración nula tras el despido del gerente que le fichó.
- Siete meses cobrando con tareas mínimas y sin equipo asignado.
- Envío de hojas de cálculo de nómina dos veces por semana, unos 15 minutos.
- Presencialidad híbrida: tres días en oficina y dos en remoto.
Por tanto, el foco del caso no está en la retribución, que cumple el contrato, sino en la falta de gestión interna y de seguimiento.
Reacciones en redes, dudas laborales y el debate sobre buscar otro empleo ahora mismo
La historia no pasó desapercibida. Entre las respuestas, hubo quien le animó a aprovechar el tiempo y quien le sugirió diversificar ante un posible fin abrupto del vínculo. Un usuario le respondió: “Duplica la plata y si te descubren, no te quedas buscando trabajo“. Por otro lado, también surgieron dudas prácticas: ¿quién supervisa realmente su desempeño?, ¿qué ocurre si cambia la dirección?
En definitiva, el caso ilustra cómo una transición mal gestionada puede bloquear la incorporación de un empleado, incluso en puestos bien pagados. Además, abre un debate sobre responsabilidad empresarial y sobre la conveniencia o no, de buscar alternativas mientras dura la incertidumbre. De hecho, su experiencia sirve de aviso para navegantes: sin un mando claro, el talento se diluye… y el tiempo también.