Kevin Klahn recompró en 2015 el tractor Allis-Chalmers WD que Robert Klahn había estrenado 62 años antes. La restauración duró un año y elevó el desembolso total a 6.500 dólares.
Kevin Klahn devolvió a la granja familiar un Allis-Chalmers WD que su abuelo Robert compró nuevo en 1953. En 2015, lo recompró por 2.000 dólares (unos 1.740 euros) y destinó otros 4.500 a restaurarlo (3.915 euros). Farm Progress publicó la historia el 30 de julio de 2026. La fuente precisa que el tractor pasó al tío Ron en 1985 y siguió trabajando durante tres décadas. La máquina reúne ahora recuerdos de cuatro generaciones y una parte visible de la historia de Klondike Farms.
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El Allis-Chalmers WD comenzó a trabajar en Wisconsin en 1953
Robert Klahn adquirió el tractor nuevo en un concesionario local, Hanley Implement Co., por 2.200 dólares. La máquina llegó a Klondike Farms, situada cerca de Brooklyn, en Wisconsin. Su labor principal consistía en remolcar los vagones usados por las cuadrillas durante la recolección de tabaco. No era una compra decorativa, sino una herramienta destinada a sostener tareas diarias y trasladar cargas durante la campaña. Aquel trabajo convirtió al WD en una presencia habitual desde su primer día.
El WD también colaboraba con un Farmall M y un Ford 9N equipado con pala. Entre los tres atendían maíz, avena y heno, además de 26 vacas Holstein, cerdos y gallinas. Kevin creció viendo aquella actividad y empezó a conducir cuando pudo alcanzar los pedales. El tractor quedó asociado a los cultivos, los animales y las jornadas compartidas entre hermanos. Esa continuidad recuerda otras historias de relevo generacional en el campo, aunque aquí el vínculo quedó concentrado en una sola máquina.
El tractor pasó al tío Ron y continuó trabajando durante 30 años
La historia original no sitúa la máquina fuera del entorno familiar ni describe una cadena de propietarios desconocidos. Cuando Robert Klahn murió en 1985, el tractor quedó en manos de su hijo Ron. Durante los 30 años siguientes, se utilizó principalmente para rastrillar heno. El vehículo conservó así una función agrícola mucho después de su compra inicial. Esta secuencia resulta relevante porque algunas versiones posteriores han convertido la recompra en una búsqueda de seis décadas.
Kevin pudo recomprarlo en 2015, exactamente 62 años después de la adquisición de su abuelo. Pagó 2.000 dólares por un tractor que ya se encontraba en mal estado. La operación recuperó la propiedad directa de la máquina y abrió un proyecto mucho más exigente. Antes de exhibirlo, debía resolver averías, sustituir componentes y recuperar una apariencia próxima a la original. Fue una recompra familiar, no el hallazgo fortuito de una pieza perdida entre desconocidos.
La restauración duró 12 meses y costó otros 4.500 dólares
El trabajo se prolongó durante un año. Klahn reparó fugas de aceite, instaló neumáticos y depósito de combustible nuevos, y sustituyó el asiento y la rejilla del radiador. Estas intervenciones costaron 4.500 dólares. Después, Dale Martinson, un amigo de Stoughton, se encargó de repintar por completo el tractor. La restauración combinó reparaciones mecánicas, sustitución de elementos visibles y recuperación del característico acabado naranja de Allis-Chalmers.
La suma del precio de recompra y la restauración asciende a 6.500 dólares, según un cálculo basado en las cifras publicadas. El desembolso supera en 4.300 dólares el precio pagado por Robert en 1953, sin ajustar la inflación. El WD vendió más de 145.000 unidades durante sus seis años de producción. Incorporó soluciones como el control mediante dos embragues y las ruedas traseras ajustables. Estas mejoras ayudaban a adaptar el tractor a diferentes aperos, trabajos y anchuras de cultivo.
El tractor participa ahora en desfiles y actos de la granja
El WD ya no soporta las jornadas agrícolas que asumía durante la década de 1950. Ahora sale en un par de desfiles y se exhibe durante el encuentro anual de propietarios de tierras de la granja. La cita reúne a unas 250 personas. El tractor permanece guardado durante buena parte del año y vuelve al exterior en esas ocasiones. Ha pasado de herramienta productiva a pieza de memoria compartida, sin perder su capacidad para circular.
Los hermanos de Kevin, Bob, Todd y Brad, trabajaron con otros dos WD45 y un John Deere 630. Sin embargo, consideran que el WD de su abuelo es el favorito, porque les devuelve a su juventud. Kevin también posa junto a su hijo Gabe, una imagen que enlaza cuatro generaciones. Ese vínculo aparece asimismo en la vida cotidiana en el campo. En esta historia conserva ruedas, motor y pintura naran







