Stocks cambió hace ocho años la hostelería y un estudio de 25 metros cuadrados por una finca de Ciudad Real. Allí trabaja como autónomo y cultiva su propio huerto.
El cambio de vida de Stocks no ocurrió este verano. Comenzó hace ocho años, cuando dejó un restaurante de Madrid y se instaló en el campo. Su historia volvió a difundirse el 4 de agosto de 2026, cuando El Español publicó un nuevo perfil sobre su experiencia. El creador recuerda jornadas de hasta 12 horas y afirma que ahora ingresa aproximadamente la mitad que obtenía en Madrid. A cambio, sostiene que ha ganado tiempo, tranquilidad y una calidad de vida que no encontraba en la capital.
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De jornadas hasta la madrugada en Madrid a una finca familiar
Antes de mudarse, Stocks trabajaba como encargado en un restaurante madrileño. Sus turnos duraban entre 10 y 12 horas y terminaban con frecuencia a las dos o tres de la madrugada. Vivía junto a su gato en un estudio de 25 metros cuadrados. Según cuenta, el esfuerzo apenas le permitía cubrir el alquiler y los gastos básicos. El cansancio afectó a su descanso y a su estado de ánimo. «Para este sistema somos esclavos», llegó a afirmar al describir aquella etapa.
La salida fue posible porque tenía 24 años, no había asumido una hipoteca ni tenía hijos. Solicitó una excedencia y se trasladó a una finca de su abuelo, donde debía atender a varios animales. Al principio pensaba quedarse solo 15 días. También ha reconocido que su familia disponía de otra propiedad cercana y que esa oportunidad no está al alcance de todos. Su experiencia se parece a la de otros jóvenes que emprenden en pueblos, aunque su punto de partida fue especialmente favorable.
Cómo combina la autosuficiencia con su actividad como autónomo
En la finca cultiva frutas y verduras, recoge huevos de sus gallinas y prepara la leña del invierno. También cuida ocas y perros adoptados. Parte de su alimentación procede del huerto, aunque su actividad económica sigue vinculada a proyectos digitales. Stocks trabaja como autónomo y crea contenido en internet. Esa combinación le permite permanecer en el entorno rural sin depender únicamente de la producción agrícola. Es una vía distinta de iniciativas municipales como la oferta para vivir y trabajar en un pueblo, que combina empleo y vivienda.
Sus ingresos, según su propio relato, son aproximadamente la mitad de los que obtenía en Madrid. Sus gastos también han bajado y su prioridad ya no es acumular dinero. «Sin duda valoro mucho más el tiempo que el dinero», explica. Para él, disponer de horas para el huerto, los animales y sus proyectos compensa la reducción económica. Por eso relaciona su bienestar con una vida más sencilla y no con la capacidad de consumo. La comparación expresa una valoración personal, no una promesa aplicable a cualquier autónomo.
La vida rural exige conocimientos, vehículo y acceso a servicios
El relato del creador tampoco presenta la autosuficiencia como una sucesión de días tranquilos. Cuando llegó, no sabía utilizar una motosierra ni una desbrozadora. Tampoco conocía los cuidados básicos de una gallina. Con el tiempo aprendió a mantener la finca, almacenar leña y organizar las tareas durante las distintas estaciones. El trabajo físico es constante y exige planificación. Producir alimentos reduce algunas compras. Sin embargo, añade labores, herramientas, mantenimiento y conocimientos ausentes en las imágenes más idílicas del campo.
Las distancias son otro límite. Stocks ha explicado que el hospital más cercano queda a 70 kilómetros y el supermercado, a 50. Sin coche, asegura, muchas gestiones resultarían inviables. El Ministerio para la Transición Ecológica identifica la movilidad, la conectividad, los servicios, el empleo y la vivienda como retos rurales. Por eso, antes de mudarse, resulta útil revisar transporte, cobertura sanitaria, internet y comercios. Son factores que también explican el atractivo de municipios con servicios para nuevos vecinos.
Qué debe calcular quien quiera mudarse y seguir siendo autónomo
Un traslado así requiere comparar ingresos y gastos con cifras propias. La vivienda puede abaratarse, pero aparecen costes de vehículo, combustible, herramientas, energía, agua y mantenimiento. La conexión estable también resulta esencial para desarrollar una actividad digital. Además, vivir en el campo no modifica las obligaciones del trabajo por cuenta propia. En 2026, la Seguridad Social mantiene la cotización del RETA vinculada a los rendimientos netos anuales. La base puede ajustarse si cambian los ingresos y las cuotas se regularizan con los datos fiscales definitivos.
Stocks no presenta su decisión como una fórmula universal. Él mismo admite que contó con una finca familiar y que asumió el cambio sin hipoteca ni hijos. Su consejo es mostrar una posibilidad, no asegurar el mismo resultado para todos. «Aquí en el campo he encontrado mi sitio», resume al hablar de la autosuficiencia. Ocho años después, afirma que no desea volver a la ciudad. El vídeo de Stocks and Tomatoes permite escuchar su experiencia y valorar las ventajas y renuncias de este modelo de vida.







