El profesional, con tres décadas de experiencia, utiliza el sueldo de su hijo como socorrista para explicar por qué la construcción pierde atractivo entre los jóvenes: una retribución similar puede exigir mucho más esfuerzo físico.
Eduardo Roldán ha recurrido a una experiencia familiar para describir uno de los principales problemas de la construcción. Su hijo cobró 1.400 euros trabajando como socorrista durante el verano, mientras que incorporarse a una obra supondría afrontar calor, polvo, ruido, cargas y una exigencia corporal considerable. La reflexión apareció en el pódcast Sector Oficios, dedicado a analizar la situación de los trabajos manuales.
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La comparación entre el sueldo de socorrista y el esfuerzo de la obra
Roldán contrapone dos experiencias laborales a partir del caso de su hijo. No presenta los 1.400 euros como el salario habitual de todos los socorristas, sino como una situación concreta que sirve para explicar por qué muchos jóvenes eligen ocupaciones menos agresivas físicamente.
Su comentario tampoco analiza la responsabilidad o la formación necesarias para trabajar como socorrista. La comparación se centra en las condiciones: permanecer junto a una piscina y disponer de sombra frente a una jornada de albañilería expuesta al sol, con desplazamientos continuos, manipulación de materiales y posturas forzadas.
El albañil también cuestiona que algunos trabajadores sin experiencia aspiren desde el primer día al salario de un oficial. Colocar varios ladrillos, sostiene, no significa dominar el oficio. Un profesional debe aprender a medir, nivelar, calcular materiales, interpretar instrucciones y resolver los problemas que surgen durante la ejecución de una obra.
Los jóvenes ganan presencia, pero el relevo generacional sigue siendo insuficiente
Los últimos datos muestran una mejora de la presencia juvenil, aunque desde niveles reducidos. En el primer trimestre de 2026 había alrededor de 172.600 trabajadores menores de 30 años en la construcción. Representaban el 11,1% del empleo del sector, el porcentaje más elevado de los últimos cinco años y 1,6 puntos más que en 2022. Este grupo aumentó un 16,9% respecto al mismo periodo de 2025.
Pese a ese crecimiento, casi nueve de cada diez empleados tienen 30 años o más. El sector continúa necesitando profesionales cualificados y personas dispuestas a completar un proceso de aprendizaje que no ofrece resultados inmediatos.
La Guía del Mercado Laboral 2025 de Hays situó en el 94% el porcentaje de empresas de construcción e inmobiliaria con dificultades para encontrar perfiles adecuados, frente al 80% registrado en 2024. El 34% también reconoció problemas para atraer candidatos júnior, una situación relacionada con la percepción de escasa proyección y con ofertas laborales menos atractivas que las de otras industrias.
El calor, la formación y los salarios condicionan el futuro del sector
El desgaste señalado por Roldán tiene además una dimensión preventiva. Desde 2023, la normativa obliga a adoptar medidas frente a los fenómenos meteorológicos adversos en los trabajos al aire libre, incluidas las temperaturas extremas.
Cuando existe un aviso naranja o rojo y las medidas preventivas no garantizan la seguridad, la empresa debe adaptar las condiciones laborales. La modificación puede afectar al horario o a la duración de la jornada. También deben prohibirse determinadas tareas durante las horas más peligrosas cuando no exista otra forma de proteger al trabajador.
La construcción ofrece aprendizaje, posibilidades de especialización y la satisfacción de participar en una vivienda o un edificio terminado. Sin embargo, captar nuevos profesionales exige acompañar esos valores con salarios progresivos, formación remunerada, seguridad, protección frente al calor y una carrera laboral reconocible.
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