El productor asegura que el encarecimiento de la actividad no se compensa con los precios agrícolas que recibe en origen. Los datos aportados sobre el cerdo muestran que el ganadero cobra menos que en 2024 mientras el consumidor paga más.
Emilio Barbero, agricultor de Cordovilla, en Salamanca, ha advertido de que la situación que atraviesa el campo está reduciendo la ilusión de quienes intentan mantener sus explotaciones. Su denuncia se centra en unos precios agrícolas que no siempre permiten cubrir los gastos de producción, mientras el importe final que paga el consumidor continúa subiendo.
“No se puede permitir que se cobren unos productos a precios ridículos que no cubren costes”, ha afirmado Barbero en declaraciones a Castilla y León TV. El agricultor reconoce que su profesión le ha dado muchas alegrías, pero sostiene que las condiciones actuales restan ganas de seguir adelante.
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El aumento de los costes reduce el margen de los agricultores españoles
La actividad agraria está expuesta a factores que pueden alterar una campaña en muy poco tiempo. Un temporal puede destruir meses de trabajo, mientras los gastos necesarios para producir condicionan la rentabilidad incluso antes de que la cosecha llegue al mercado.
Barbero describe un escenario en el que los costes se disparan sin que los precios de venta evolucionen en la misma proporción. Cuando el importe cobrado no permite cubrir los gastos, la continuidad de la explotación queda comprometida y el productor asume buena parte del riesgo.
Pese a esa inestabilidad, el agricultor mantiene su vínculo con el oficio. “Este oficio me ha dado muchas alegrías y al final eres libre en un trabajo que te gusta”, ha explicado. Su preocupación surge de una coyuntura que, según admite, “le quitan a uno la ilusión y las ganas de seguir”.
Los precios del cerdo muestran cómo crece la brecha hasta el consumidor
Los datos del Índice de Precios en Origen y Destino incluidos en la información sitúan en 3,84 la relación entre el precio agrícola en origen y el precio final en mayo de 2026. El importe abonado por el consumidor fue así casi cuatro veces el recibido en el primer eslabón de la cadena.
El caso del cerdo permite observar la evolución entre abril de 2024 y abril de 2026. En ese periodo, el ganadero pasó de recibir 1,83 euros por kilo a cobrar 1,30 euros, mientras el precio pagado por el consumidor aumentó de 6,45 a 6,90 euros por kilo.
| Indicador | Abril de 2024 | Abril de 2026 |
|---|---|---|
| Precio recibido por el ganadero | 1,83 €/kg | 1,30 €/kg |
| Precio pagado por el consumidor | 6,45 €/kg | 6,90 €/kg |
| Diferencia entre ambos importes | 4,62 €/kg | 5,60 €/kg |
A partir de esas cifras, la distancia entre ambos precios aumentó en 0,98 euros por kilo. El productor recibió 0,53 euros menos, mientras el comprador final pagó 0,45 euros más.
La información también menciona situaciones similares en productos como el cordero, la cebolla y las aceitunas, aunque no aporta cuantías concretas que permitan comparar su evolución.
La diferencia entre origen y destino también incluye costes de distribución
La distancia entre el importe recibido por el agricultor o ganadero y el precio del supermercado plantea una pregunta recurrente: qué parte corresponde a cada participante de la cadena. La información señala a empresas logísticas, intermediarios y establecimientos comerciales como actores que intervienen entre la explotación y el consumidor.
La Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados sostiene que esa diferencia no puede considerarse íntegramente beneficio. Dentro del precio final también se incluyen gastos de envasado, transporte, alquiler de los puntos de venta y personal, entre otros conceptos vinculados a la comercialización.
Los datos facilitados no desglosan cuánto retiene cada eslabón ni qué porcentaje corresponde a costes o beneficios. Por ese motivo, las cifras permiten acreditar la ampliación de la brecha en determinados productos, pero no cuantificar el margen neto de cada empresa que participa en el proceso.
El envejecimiento del campo añade presión a la continuidad de las explotaciones
La pérdida de rentabilidad coincide con otro problema estructural: el envejecimiento de los titulares de explotaciones agrarias. Según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación recogidos en la información, solo el 9 % tiene menos de 41 años.
Los mayores de 65 años representan el 41,3 % del censo agrario español. La proporción supera la media de la Unión Europea, situada en el 33,2 %, y refleja la dificultad para garantizar el relevo cuando una parte amplia de los profesionales se aproxima al final de su vida laboral.
La combinación de precios insuficientes, costes crecientes, exposición a fenómenos meteorológicos y falta de relevo aumenta la presión sobre quienes continúan trabajando en el campo. El testimonio de Emilio Barbero pone rostro a esa realidad: disfruta de su profesión, pero considera que vender sin cubrir costes hace cada vez más difícil mantener la actividad.
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