Leyla Kazim llevó al límite una idea incómoda para muchas oficinas: estar sentado en el puesto no siempre significa trabajar. En 2013 pasó un año entero contratada en una empresa tecnológica con sede en Londres sin realizar prácticamente tareas reales. En 2014 se marchó de forma voluntaria. No hubo amonestaciones, ni despido, ni descubrimiento por parte de la compañía.
Cómo logró trabajar quince minutos a la semana sin levantar sospechas
El método, según relató, era sencillo. Dedicaba unos 15 minutos a la semana a preparar reuniones en las que mostraba avances ficticios. El resto del tiempo permanecía en la oficina con una hoja de Excel abierta, aunque no la usaba para presupuestos ni proyectos, sino para planificar viajes personales.
Vamos, que cumplía con la apariencia de estar ocupada, pero no con una carga real de trabajo.
| Aspecto del caso | Qué hacía Leyla Kazim |
|---|---|
| Tiempo de trabajo real | Unos 15 minutos a la semana |
| Reuniones | Preparaba avances ficticios |
| Apariencia de actividad | Mantenía una hoja de Excel abierta |
| Final del experimento | Se marchó voluntariamente en 2014 |
¿El dato más llamativo? Durante doce meses, nadie en la empresa detectó que su aportación era mínima.
Por qué su caso reabre el debate sobre presencialismo y trabajos vacíos
El caso de Kazim no se queda en una simple anécdota laboral. También conecta con los llamados trabajos de mierda, concepto atribuido al antropólogo David Graeber, y con una encuesta de YouGov citada en la información disponible, según la cual el 37% de trabajadores adultos británicos creían que su empleo no aportaba nada al mundo.
Además, se mencionan investigaciones de las universidades de Cambridge y Birmingham que relacionan el sentido de propósito en el trabajo con el bienestar psicológico. Dicho de otra forma: cuando una persona siente que su empleo no sirve para nada, puede acabar quemándose antes.
El caso deja varias lecturas claras:
- Un puesto con funciones difusas puede ocultar la falta de resultados reales.
- El presencialismo puede hacer que se valore más estar visible que producir.
- La ausencia de propósito laboral puede afectar al bienestar psicológico.
Por lo tanto, la pregunta es inevitable: ¿qué estaban midiendo realmente los sistemas de control de esa empresa?
Lo que aprendió Kazim y la advertencia que lanzó sobre este experimento
La conclusión de Kazim es que parte del trabajo de oficina moderno funciona como una representación. Si se entiende que el puesto no tiene un propósito claro y se conocen las reglas internas, es posible reducir el esfuerzo al mínimo sin que el sistema lo detecte.
No obstante, ella misma advierte que su experiencia no puede aplicarse a todos los casos ni la recomienda como fórmula general. No es lo mismo ocupar un puesto con tareas difusas y métricas fallidas que tener un empleo que consume la salud o deja muy poco margen de maniobra.







