La increíble historia del fontanero que dejó un sueldo de 600 euros para crear un negocio con más libertad y futuro

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Fecha de publicación: 24 de julio de 2026 a las 19:00
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Fontanero trabajando bajo el fregadero de una cocina durante una reparación en una vivienda

El autónomo madrileño lleva 21 años dedicado a la fontanería y alerta de la falta de relevo generacional. Considera que los salarios y las condiciones laborales deben mejorar para atraer a nuevos profesionales.

Santi tiene 37 años y lleva más de dos décadas trabajando como fontanero. Su primer contrato a jornada completa llegó cuando cumplió los 18, con un sueldo de 600 euros mensuales por trabajar ocho horas al día. Una cantidad que todavía recuerda y que utiliza para explicar cómo han cambiado sus condiciones laborales desde entonces.

Durante una entrevista en el pódcast Sector Oficios, el profesional relató sus comienzos, su decisión de hacerse autónomo y los problemas que atraviesa un sector esencial en el que cada vez resulta más difícil encontrar trabajadores jóvenes.

Santi empezó en la fontanería siendo adolescente y convirtió el oficio en su carrera

Su relación con la fontanería comenzó cuando tenía 14 años. Un primo suyo lo recogía al salir del colegio para que le ayudara en el negocio familiar. Aquellas primeras experiencias despertaron su interés por un trabajo al que terminaría dedicando su vida profesional.

A los 17 años optó por formarse en este oficio y se matriculó en un centro de Formación Profesional. Cuando alcanzó la mayoría de edad, realizó prácticas en una empresa que decidió incorporarlo a su plantilla.

«Me daban 600 euros, no se me olvidará nunca. Ya era a jornada completa y fue mi primer contrato», recordó. Permaneció aproximadamente un año en aquella compañía antes de recibir nuevas propuestas laborales.

Su salario pasó de 600 a 1.000 euros cuando tenía 19 años

La experiencia adquirida y su disposición para asumir trabajos complejos hicieron que otras empresas comenzaran a interesarse por él. Con 19 años, su salario pasó de 600 a 1.000 euros mensuales.

Santi explicó que aceptaba reparaciones que todavía no dominaba, aunque confiaba en su capacidad para resolverlas. «Si un fontanero tarda tres horas, yo voy a tardar seis, pero soy capaz», afirmó durante la entrevista.

Esa actitud le permitió ampliar sus conocimientos y enfrentarse a averías que otros profesionales evitaban. También empezó a reclamar una remuneración acorde con su preparación y con las responsabilidades que asumía.

El fontanero asegura que nunca quiso conformarse con unas condiciones que consideraba insuficientes. Con el paso de los años, esa inquietud lo llevó a abandonar el trabajo por cuenta ajena y crear su propio negocio.

La capitalización del paro le permitió hacerse autónomo y comprar una furgoneta

Para iniciar su actividad como trabajador autónomo, Santi solicitó la capitalización de la prestación por desempleo. Según contó, recibió entre 23.000 y 24.000 euros, una cantidad que destinó a comprar una furgoneta y poner en marcha el negocio.

Actualmente trabaja junto a su sobrino, que tiene 20 años y se incorporó a la fontanería después de seguir un recorrido parecido al suyo. También dio una oportunidad a un amigo del joven que, con 17 años, trabajaba como pescadero y decidió aprender el oficio.

Santi rechaza la idea de que un fontanero deba estar disponible durante las 24 horas. Según explicó, su jornada habitual se desarrolla de lunes a viernes, mientras que trabajar durante el fin de semana depende de cada profesional. «Nosotros también tenemos vida», señaló.

La falta de jóvenes y los bajos salarios amenazan el relevo generacional

A pesar de las incorporaciones a su negocio, Santi reconoce que son pocos los jóvenes interesados en aprender fontanería. El esfuerzo físico es una de las causas que podrían explicar esta falta de candidatos. A sus 37 años, afirma que ya comienza a notar el desgaste provocado por más de dos décadas de trabajo.

El salario es otro de los problemas que, a su juicio, deben abordarse. El autónomo plantea que resulta difícil atraer trabajadores cuando un empleo de oficina y otro físicamente exigente ofrecen una remuneración similar.

«Tú a un chico le dices que gana 1.000 euros sentado en un ordenador y de fontanero 1.000 euros, ¿a dónde irías?», preguntó. Por ello, reclama cambios que permitan garantizar el futuro de la profesión y evitar que la falta de especialistas termine afectando a hogares y empresas.

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Antonio David Cruz Colmenero

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y con el Máster de Profesorado de Secundaria y Bachillerato. Actualmente, me dedico al periodismo digital, donde cuento con 4 años de experiencia en redacción de contenidos relacionados con empleo, prestaciones/ayudas y trámites de la Seguridad Social y el SEPE.

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