El IMIDRA lo volvió a ofertar en marzo de 2026 tras lograr su inscripción como variedad de conservación. Su menor rendimiento explica que casi desapareciera.
La recuperación del melón azul de Villaconejos no es reciente ni se produjo de una sola vez. El programa regional comenzó en 2014 para devolver variedades tradicionales a las huertas madrileñas. La variedad obtuvo su inscripción definitiva en enero de 2024. En marzo de 2026 volvió a figurar entre los plantones ofrecidos por el IMIDRA. La Comunidad puso a la venta 55.000 unidades autóctonas de distintos cultivos, 7.000 más que durante 2025.
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La oferta de 2026 lleva el melón azul de nuevo a las huertas
Los 55.000 plantones procedían del Banco de Germoplasma del IMIDRA. La oferta incluía tres melones: Azul, Mochuelo y Piel de Sapo de Villaconejos. Para cualquiera de estas variedades se exigía un pedido mínimo de 80 plantas. Podían solicitarlos personas físicas o jurídicas interesadas en producir hortícolas. El trámite no requería tasa ni documentación inicial. El plazo terminó el 31 de marzo. Las entregas estaban previstas desde finales de abril y durante mayo, en la finca La Isla de Arganda del Rey.
La campaña aporta una prueba verificable de continuidad. Las fuentes oficiales consultadas no declaran que la variedad esté definitivamente fuera de riesgo. Sí muestran una transferencia sostenida desde la conservación hacia el cultivo. El programa distribuyó 48.000 plantas entre cien solicitantes en 2025. En 2026 añadió otras 7.000 unidades. Además, el banco regional conserva más de 300 semillas de distintos municipios. Un 80% corresponde a simientes que comenzaron a desaparecer durante la década de 1960. Esta recuperación complementa otras líneas de innovación aplicada al campo desarrolladas en Madrid.
El registro oficial protege al Azul de Villaconejos como variedad de conservación
El Boletín Oficial del Estado publicó la inscripción definitiva del Azul de Villaconejos el 24 de enero de 2024. La variedad aparece con el número 20220054 dentro del anexo dedicado a variedades de conservación. El mismo apartado incluye el Mochuelo de Villaconejos y el Piel de Sapo de Villaconejos. Los tres nombres quedan así diferenciados dentro del Registro de Variedades Comerciales, junto a otros melones incorporados mediante aquella orden ministerial.
La inscripción formaliza la presencia del material vegetal en el registro, pero no lo convierte automáticamente en un cultivo masivo. Tampoco acredita por sí sola una superficie extensa de siembra. Su valor aumenta al combinarse con otras actuaciones comprobables. El IMIDRA conserva las semillas, multiplica las plantas y las ofrece a productores. Esa cadena reduce la dependencia de unas pocas simientes almacenadas. También permite que la variedad vuelva a cosecharse, circular y ser reconocida por consumidores y agricultores.
La menor producción explica por qué quedó desplazado por variedades comerciales
El retroceso del melón azul tuvo una causa principalmente económica. Félix Ledesma, agricultor citado por Telemadrid, explicó que estas plantas ofrecen menos volumen de producción. La Comunidad de Madrid ya había señalado que diversas variedades tradicionales perdieron terreno frente a otras más productivas. Estas últimas también disponen de mejores posibilidades dentro de los circuitos comerciales. Los costes, la distribución y los precios agrícolas en origen condicionan la continuidad de los cultivos minoritarios. El sabor puede ser apreciado, pero una explotación necesita cubrir gastos y encontrar compradores.
Su aspecto tampoco corresponde a un fruto azul uniforme. Ledesma describió que “tiene unas manchitas oscuras que con el sol da unos tonos azulados”. El nombre procede de esos reflejos sobre una piel oscura. El agricultor destacó además su sabor dulce, su resistencia a la sequía y sus menores necesidades de riego. Estas cualidades favorecen su interés en pequeños huertos y mercados de proximidad. Sin embargo, no eliminan el problema de un rendimiento comercial más reducido frente a otras opciones.
Villaconejos conserva una tradición melonera documentada desde el siglo XVI
El vínculo de Villaconejos con el melón está documentado desde el siglo XVI. En 2020, la Comunidad de Madrid cifró la producción regional en 7.600 toneladas anuales y trece variedades locales. Entonces contabilizó 407 hectáreas de melón, con un 65% de secano. El mismo balance atribuyó al IMIDRA la recuperación de 30 variedades de melón y 195 hortofrutícolas madrileñas. Villaconejos alberga además un museo dedicado a sus meloneros desde 2003. Esa trayectoria explica que el Azul conserve el apellido del municipio.
El melón azul sigue lejos de competir con las variedades dominantes. Su recuperación ya cuenta con tres apoyos comprobables. Hay semillas conservadas, una inscripción oficial y plantones destinados a productores. El plazo de solicitud de 2026 está cerrado, por lo que no debe presentarse como una convocatoria abierta. Las próximas campañas deberán consultarse en el trámite oficial del IMIDRA.
La inscripción publicada en el BOE permite verificar su condición de variedad de conservación. Los datos disponibles permiten hablar de una recuperación consolidada, aunque no definitiva.







