Pepe Espino, vecino de Barcelona, ha conseguido finalmente que se le reconozca la incapacidad después de meses de incertidumbre. El Institut Català d’Avaluacions Mèdiques (ICAM) ha rectificado su decisión inicial y el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) ya le ha abonado el primer pago de la pensión.
La Seguridad Social rectifica tras la revisión del ICAM y concede la incapacidad
El caso de Pepe Espino empezó a hacerse visible después de que, pese a estar diagnosticado de cáncer de próstata en estadio IV con metástasis en huesos, pulmones y partes blandas, el ICAM le diera el alta médica para reincorporarse al trabajo.
Esto ocurrió tras haber estado 30 meses de baja. Como consecuencia de esa alta, el INSS le denegó la incapacidad permanente. ¿Cómo podía volver a trabajar una persona con ese diagnóstico y con informes médicos que advertían de sus limitaciones?
La situación ha cambiado ahora. Tras una nueva revisión, el ICAM ha rectificado y Pepe ya ha cobrado su primera pensión por incapacidad. Él mismo lo resume con una frase clara: “Es una liberación, el fin de una pesadilla que nunca tenía que haber ocurrido”.
Antes de entrar en los detalles, estas son las claves del caso:
| Clave del caso | Información aportada |
|---|---|
| Edad de Pepe Espino | 54 años |
| Diagnóstico | Cáncer de próstata en estadio IV con metástasis |
| Tiempo de baja | 30 meses |
| Situación actual | Primer pago recibido del INSS por incapacidad |
Con esta rectificación, el afectado deja atrás una etapa marcada por la incertidumbre administrativa, aunque la resolución no elimina todas las dudas.
Los informes médicos señalaban que no podía realizar ninguna actividad laboral
Pepe fue diagnosticado tras sufrir un dolor agudo en la espalda. Después de una resonancia, supo que padecía cáncer de próstata en estadio IV y que la enfermedad se había extendido a huesos, pulmones y partes blandas.
Durante dos años y medio siguió trabajando, hasta que la situación se volvió insostenible por la gravedad de la enfermedad y por los efectos secundarios del tratamiento hormonal paliativo.
Según los informes de su oncóloga del hospital Clínic, ese tratamiento le provocaba síntomas que “le impiden realizar cualquier actividad laboral”. Aun así, en la primera valoración, el tribunal médico resolvió darle el alta.
El tratamiento y la enfermedad le han provocado varios efectos que complican su día a día:
- Cansancio continuo.
- Rigidez articular en manos y pies.
- Dolor agudo en los pezones.
- Ansiedad y efectos cognitivos.
Vamos, que no se trataba de una simple molestia pasajera. La medicación incluye también una inyección cada seis meses que supone una castración química para mantener la testosterona a cero, lo que le causa descalcificación ósea.
La incapacidad será revisada en cuatro meses pese a las secuelas definitivas
Aunque la concesión de la incapacidad supone un alivio, la prestación será revisada dentro de cuatro meses, según su abogado Jaume Cortés, del Col·lectiu Ronda.
El letrado asegura no entender esta decisión al tratarse de “unas secuelas definitivas”. Por su parte, Pepe reconoce una paradoja en la buena noticia: la Administración le da la razón, pero también certifica la gravedad de su diagnóstico.
Ahora, su deseo es que este caso sirva como precedente para otras personas que estén en una situación parecida y que necesiten acreditar que no pueden trabajar por motivos de salud.







