El economista aboga por plantearse metas realistas al preparar la jubilación ante el progresivo retraso de la edad ordinaria en España.
Son muchos los trabajadores que, después de décadas cotizando, comienzan a preguntarse cuándo podrán abandonar definitivamente el mercado laboral. La respuesta depende especialmente de los años cotizados, ya que en 2026 existen dos edades ordinarias diferentes para acceder a la pensión contributiva.
Según establece la Seguridad Social, quienes acrediten al menos 38 años y 3 meses cotizados pueden jubilarse a los 65 años. Si no alcanzan ese periodo, deberán esperar hasta los 66 años y 10 meses. Esta edad legal de jubilación forma parte del calendario progresivo iniciado con la reforma del sistema de pensiones.
Esta situación genera dudas entre quienes desean retirarse antes. Uno de los profesionales que se ha pronunciado al respecto es Gonzalo Bernardos, profesor titular de la Universidad de Barcelona.
“El gran problema es que gente que tiene 55, 56 o 57 años te dice que está harta de trabajar y quiere jubilarse. Yo les contesto que quiero medir 1,90, ser rubio y volver a tener 20 años. No es posible”, señalaba el economista.
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Jubilarse voluntariamente con 55, 56 o 57 años no es la regla general
La normativa permite adelantar la jubilación en determinados supuestos, pero la modalidad anticipada voluntaria no permite abandonar el mercado laboral a cualquier edad.
La Seguridad Social establece que puede adelantarse, con carácter general, un máximo de dos años respecto a la edad ordinaria y exige acreditar al menos 35 años de cotización. Además, la cuantía de la pensión queda sometida a coeficientes reductores.
Por ejemplo, determinados trabajadores pueden acceder a la jubilación anticipada a los 63 en 2026 si reúnen las condiciones exigidas. También existen reglas específicas para determinadas profesiones y actividades especialmente penosas, peligrosas o insalubres.
Bernardos pide asumir metas realistas al planificar la futura jubilación
Bernardos relaciona esta situación con el envejecimiento demográfico y la presión que afrontará el sistema con la jubilación de la generación del baby boom. Su planteamiento pasa por asumir que la retirada laboral puede producirse más tarde de lo que desean algunos trabajadores.
“Nos vamos acercando a 2040 y no hay más remedio que jubilarse más tarde”, afirma el economista, que considera difícil que un incremento de la productividad sea suficiente por sí solo para financiar el aumento del gasto en pensiones.
Por ello, antes de decidir cuándo retirarse conviene comprobar tanto la carrera de cotización como el importe estimado. Desde 2026 también ha comenzado a aplicarse un nuevo sistema de cálculo de pensiones, otro elemento que puede influir en la prestación final.







