Tras dejar Chile y pasar por India, Nepal y Bélgica, se instaló junto a Sergio en una casa familiar que llevaba casi diez años deshabitada.
Mónica cambió la vida urbana por una pequeña aldea asturiana en la que residen unas ocho familias. Su historia fue publicada originalmente por Hilux Aventura el 13 de agosto de 2024, por lo que la mudanza no se ha producido ahora. El relato ha recuperado difusión este verano después de ser recogido de nuevo por medios españoles el 16 y 17 de julio de 2026.
Mónica nació en el norte de Chile, cerca del desierto de Atacama. A los 18 años se trasladó a Santiago para estudiar en la universidad y allí experimentó por primera vez las estaciones del año, muy diferentes al paisaje árido de su infancia.
Años después viajó como turista a Asturias y pasó por Cangas de Onís y Cangas del Narcea. La vegetación, las montañas y la tranquilidad de la región dejaron una impresión que terminaría influyendo en su decisión de cambiar de vida.
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De Santiago de Chile a Asturias tras años buscando otro ritmo
Después de la pandemia decidió dejar atrás su vida en Chile. Viajó por Europa, pasó varios meses en India y Nepal y terminó en Bélgica, donde residía su hermano. Allí, en un centro de meditación, conoció a Sergio, un asturiano que entendía bien la vida rural que ella llevaba años buscando.
La pareja pasó aproximadamente un año y medio en Bélgica, pero el tráfico y el ritmo urbano volvieron a pesar. Sergio le hablaba de Asturias, de los animales y de una casa de sus antepasados que llevaba casi una década deshabitada. Finalmente, ambos decidieron instalarse allí y rehabilitar la vivienda.
Para Mónica, salir de su entorno conocido también fue una forma de ponerse a prueba. “Al principio, da mucho miedo, pero ya después cuando te lanzas, te sientes muy libre”, explica al recordar aquel proceso.
La casa familiar y una aldea donde viven ocho familias
Su nueva residencia está en una pequeña aldea rodeada de bosque y montaña. Aunque el entorno es remoto, Mónica rechaza la idea de que vivir allí signifique quedar completamente aislada.
Según cuenta, tarda unos 15 minutos en coche en llegar a supermercados, bancos o bares. El vehículo es necesario, pero compara ese trayecto con los desplazamientos mucho más largos que realizaba cuando vivía en una gran ciudad.
Una anécdota con un repartidor terminó de resumir lo que ella aprecia de ese lugar. Después de llegar agotado y sudando por el trayecto, el trabajador miró alrededor y le dijo: “Vives en un lugar hermoso”. Es una frase que Mónica asegura que todavía recuerda.
Su familia necesitó tiempo para entender el cambio. Su madre llegó a preguntarle si estaba “loca” y veía la mudanza como un retroceso. Después de visitarla, conocer a Sergio y comprobar cómo vivía, comenzó a apoyar su decisión.
Quince cabras y un proyecto de turismo rural y meditación
La rutina de Mónica incluye ahora el cuidado de 15 cabras. Ha aprendido junto a Sergio y su familia, vinculada desde hace años a la ganadería. Pese al miedo inicial ante algunas tareas, ya sube sola al monte para atender a los animales.
Ese contacto con el entorno también le ha permitido encontrar el silencio que buscaba. En el vídeo explica que hay momentos en los que simplemente observa a las cabras comer o contempla el bosque. El relato original y las publicaciones que recuperaron su historia coinciden en ese cambio de ritmo respecto a su anterior vida urbana.
El siguiente paso de la pareja pasa por recuperar unas antiguas cuadras familiares. Su intención es crear un pequeño proyecto de turismo rural y un centro de meditación, combinando la experiencia de Mónica con el conocimiento que Sergio tiene del entorno asturiano.
La historia mantiene así el mismo hilo con el que comenzó: abandonar una forma de vida que ya no la satisfacía, recuperar una casa ligada a varias generaciones y buscar en las montañas asturianas la tranquilidad que llevaba años persiguiendo.







