La calidad de vida mejora ligeramente en el conjunto de España, aunque retroceden ocio y seguridad. La comparación combina 55 indicadores de nueve dimensiones.
Navarra encabeza el Indicador Multidimensional de Calidad de Vida de 2025, con 105,43 puntos, seguida de La Rioja y el País Vasco. El INE publicó estos resultados el 23 de octubre de 2026, junto con una ligera mejora nacional hasta los 101,74 puntos. La estadística experimental permite comparar distintas facetas del bienestar territorial. Para trabajadores y familias, ofrece una referencia más amplia que la renta, aunque no determina dónde resultaría mejor vivir en cada situación individual.
Navarra destaca en tres dimensiones de calidad de vida
La Rioja obtiene 104,30 puntos y el País Vasco, 104,12. Tras las tres primeras comunidades aparecen Aragón, con 103,62 puntos; Baleares, con 103,54; y Cantabria, con 103,32. Entre las comunidades autónomas, los valores inferiores corresponden a Canarias, Andalucía y Galicia. Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla presentan registros todavía menores. El liderazgo y el avance anual tampoco son equivalentes. Madrid y la Comunidad Valenciana registran las mayores mejoras respecto a 2024, de 0,59 y 0,50 puntos, respectivamente.
Navarra destaca específicamente en ocio y relaciones sociales, entorno y medioambiente, y experiencia general de la vida. El País Vasco sobresale en condiciones materiales y educación, mientras Baleares lo hace en trabajo y salud. Estas diferencias muestran perfiles territoriales distintos bajo la puntuación general. Para una familia, el tiempo disponible puede importar tanto como los recursos económicos. Decisiones como solicitar teletrabajo por conciliación dependen, sin embargo, de sus condiciones laborales y familiares. La posición autonómica no concede derechos ni sustituye ese análisis individual.
Mejoran seis dimensiones y empeoran ocio y seguridad
El índice nacional pasa de 101,43 puntos en 2024 a 101,74 en 2025, una diferencia de 0,31 puntos. Mejoran condiciones materiales de vida, trabajo, salud, educación, entorno y medioambiente, y experiencia general de la vida. El mayor aumento entre estas dimensiones corresponde a salud, que pasa de 103,32 a 104,42 puntos. El avance agregado convive, por tanto, con ritmos distintos entre componentes. Una subida de la puntuación general no implica que todos los aspectos de la vida cotidiana hayan evolucionado favorablemente.
Ocio y relaciones sociales baja de 93,90 a 93,87 puntos, mientras seguridad física y personal pasa de 100,29 a 100,26. La novena dimensión, gobernanza y derechos básicos, conserva 98,56 puntos por una razón metodológica concreta. No se actualizó porque la Encuesta de Condiciones de Vida de 2025 no incorporó el módulo correspondiente, de periodicidad trienal. Esa estabilidad numérica no demuestra que la realidad permaneciera idéntica. Significa que el cálculo mantuvo información anterior en ese componente, una limitación reconocida por el INE.
El índice combina ingresos, empleo, salud y relaciones personales
La comparación territorial reúne 55 indicadores organizados en nueve dimensiones, con el mismo peso para cada dimensión en el resultado publicado. Su referencia es 2008 igual a 100. Los puntos no representan euros ni porcentajes de ciudadanos satisfechos. La dimensión material incluye renta mediana, dificultades para llegar a fin de mes y problemas relacionados con la vivienda. También considera la incapacidad para afrontar gastos imprevistos. Por tanto, una puntuación elevada no equivale directamente a disponer de un salario mayor o de un alquiler más barato.
Trabajo incorpora empleo, desempleo, salarios bajos, jornadas largas, temporalidad y satisfacción laboral. Ocio y relaciones sociales considera, entre otros aspectos, el tiempo disponible y la posibilidad de pedir ayuda a personas cercanas. El conjunto busca describir resultados que afectan a la población desde fuentes diferentes. La mayoría de los datos más actuales corresponde a 2025, pero no todos los componentes se renuevan anualmente. Esa combinación explica por qué el índice ofrece una visión general, sin funcionar como una medición simultánea de cada hogar.
La nueva edición permite observar diferencias entre grupos
Esta publicación incorpora resultados por sexo, nivel educativo y nacionalidad. En la comparación por sexo, el índice global alcanza 102,48 puntos entre los hombres y 100,59 entre las mujeres. Sin embargo, las mujeres obtienen puntuaciones superiores en educación y experiencia general de la vida. La metodología selecciona los indicadores disponibles para cada desagregación y normaliza sus resultados por separado. Por eso, estas tablas deben interpretarse dentro de su propio marco. Tampoco explican por sí solas las causas de las diferencias observadas entre grupos.
Quien valore un cambio de residencia necesita contrastar el índice con sus circunstancias, incluido el coste y la financiación de la vivienda. El INE permite cambiar el peso de las dimensiones territoriales mediante su herramienta para personalizar el indicador. Así puede comprobarse qué ocurre al conceder más importancia a salud, trabajo u otros componentes. Los resultados oficiales y el proyecto técnico detallan el procedimiento. Esa exploración complementa la clasificación general, sin convertirla en una recomendación automática de mudanza.