La nao San Juan, réplica científica de un ballenero vasco hundido en Canadá en 1565, prepara una travesía histórica en la que la cocina será clave para la tripulación. Alimentar a cuarenta hombres en un barco con poco espacio, clima duro y un fogón rudimentario no será una tarea cualquiera.
La futura travesía de la nao San Juan hasta Canadá no solo pondrá a prueba la navegación con técnicas del siglo XVI. También obligará a recuperar una cocina de a bordo exigente, limitada y decisiva para mantener la moral de la tripulación. ¿Quién se atreve a cocinar en esas condiciones?
Qué hará el cocinero que se embarque en la nao San Juan
El proyecto de Albaola busca reproducir el viaje del ballenero vasco San Juan, hundido en Red Bay en 1565. La embarcación, ya en el agua desde hace seis meses, navegará hacia Canadá cuando esté terminada y funcionará como un laboratorio flotante.
La tripulación vestirá como entonces, cocinará en cubierta y seguirá la misma dieta que aquellos marineros. Por eso, el cocinero no tendrá una labor menor. Tendrá que alimentar cada día a cuarenta personas, controlar la despensa y sacar partido a alimentos secos, conservas y productos que irán reduciéndose con el paso de las jornadas.
No es para cualquiera, la verdad. Según explica Xabier Alberdi, director del Departamento de Investigación de Albaola, ya se han presentado personas con experiencia en pesqueros que han cocinado para veinte hombres en espacios muy reducidos.
El perfil tendrá que destacar por varias cualidades:
- Capacidad para gestionar la cocina y racionar los víveres.
- Ingenio para hacer mucho con poco.
- Temple para cocinar en condiciones incómodas y cambiantes.
- Habilidad para mantener alta la moral de la tripulación.
Y es que una mala alimentación en alta mar podía tensar mucho la convivencia. Alberdi advierte que si el cocinero empezaba a dar malos alimentos, podía haber motín.
La dieta del ballenero vasco durante la travesía hasta Canadá
La comida a bordo combinaba productos frescos, alimentos secos y algún animal vivo, como gallinas o algún cerdo, destinados a terminar en la mesa. Los frescos, como cebollas, puerros, berzas o ajos, se consumían al principio del viaje.
Después, el rancho general dependía sobre todo de productos duraderos.
| Alimento | Uso durante el viaje |
|---|---|
| Bizcocho y galleta de pan | Base para sopas y gachas |
| Habas, guisantes, bacalao seco y sardinas saladas | Aportaban variedad y proteínas |
| Queso | Se comía en temporales, cuando no se podía encender fuego |
El pan no era esponjoso como el actual, sino duro y pensado para resistir. Por eso se ablandaba con la bebida, principalmente sidra. También llevaban algo de vino local, como txakoli, y otros vinos comerciados en la época.
El fogón medieval que obligará a cocinar con ingenio y mucho temple
El fogón era una caja metálica colocada en el suelo, llena de arena para aislar el calor de la madera y evitar incendios. Tenía el frente abierto y tres lados elevados, con barras para colocar parrillas o colgar ollas con cadenas.
Se cocinaba en cubierta, sin chimenea y a merced del clima. Si había tormenta, no se podía encender el fuego. Por eso, el cocinero tendrá que demostrar pericia con las brasas, el caldero y una despensa limitada.
La travesía permitirá estudiar también el impacto humano de estas condiciones: hacinamiento, falta de higiene, trabajo duro y alimentación restringida. En ese escenario, el cocinero será mucho más que quien prepara la comida: será una pieza clave para aguantar el viaje.







