La joven albañila española trabajó en una obra durante su estancia en Australia tras estudiar Medicina. Su experiencia muestra las barreras que aún frenan el acceso femenino a un sector que necesita incorporar nuevos profesionales.
La construcción cerró 2025 con una media de 1.530.002 personas ocupadas, un 4,5% más que el año anterior. El crecimiento del empleo no ha resuelto la falta de relevo generacional ni la escasa presencia femenina en los oficios desarrollados directamente en la obra. Nerea, de 27 años, encontró esas dificultades antes incluso de ser contratada.
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Las mujeres en la construcción aumentan, pero siguen lejos del trabajo en obra
El informe Mujeres en el Sector de la Construcción 2025 contabilizó 166.833 afiliadas a la Seguridad Social, 6.545 más que en 2024. Su número creció un 4,1% y pasó a representar el 11,5% del total de personas trabajadoras, el mejor porcentaje registrado desde 2014.
El avance no supone que las mujeres hayan llegado en la misma proporción a todos los puestos. Más de la mitad se concentra en cinco ocupaciones, principalmente administrativas. En los trabajos a pie de obra, su peso aumentó del 6,2% al 9% durante 2025, pero continúa muy alejado de la participación masculina.
Las condiciones contractuales tampoco explican por sí solas esta diferencia. Entre las empleadas por cuenta ajena, el 93,3% tiene contrato indefinido y el 76,6% trabaja a jornada completa. El informe señala los prejuicios sociales, los estereotipos profesionales y la orientación laboral insuficiente entre las causas que dificultan su incorporación.
Nerea encontró barreras laborales antes de entrar como albañila en Australia
Después de terminar Medicina, Nerea decidió aplazar temporalmente su carrera sanitaria para viajar, conocer otros países y ahorrar. En Australia pasó por empleos relacionados con la hostelería y el campo hasta conseguir una oportunidad como albañila, un oficio que despertaba su curiosidad desde pequeña porque su abuelo era carpintero.
El principal obstáculo surgió durante la búsqueda de trabajo. Según relató, algunos contactos se interrumpían cuando los responsables descubrían que era una candidata. “Cuando saben que soy mujer, la conversación se corta”, explicó al recordar procesos en los que ni siquiera llegaron a preguntarle por su preparación o sus capacidades.
Nerea rechaza que los errores iniciales o un ritmo más lento deban relacionarse con el género. Considera que cualquier persona necesita tiempo para aprender un oficio nuevo y defiende que la motivación, la práctica y la voluntad de mejorar tienen más importancia que ser hombre o mujer.
El salario de albañila en Australia marcó una diferencia para Nerea
La remuneración fue otro de los aspectos destacados de su experiencia. La joven asegura que cobraba alrededor de 32 euros brutos por hora en la construcción y que algunos profesionales especializados podían alcanzar los 50 euros. Estas cantidades corresponden a su testimonio sobre las condiciones salariales que conoció en Australia.
Su paso por la obra no implica que haya abandonado la Medicina. Después comenzó a trabajar en el campo y mantiene la intención de regresar a España para preparar el MIR y ejercer como médica. La construcción ha formado parte de una etapa dedicada a viajar, reunir ahorros y adquirir experiencia en empleos alejados de su formación universitaria.
Su historia refleja una contradicción del mercado laboral: el sector necesita atraer talento joven y femenino, pero algunas candidatas todavía encuentran barreras antes de poder demostrar cómo trabajan.
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